El 9 de julio de 1962, miles de personas en Hawái salieron a las azoteas, a las playas y a las carreteras con esa mezcla de curiosidad y despreocupación que solo es posible cuando no sabes exactamente lo que vas a ver. El periódico local, el Honolulu Advertiser, lo había anunciado sin alarmismo: «N-Blast Tonight May Be Dazzling; Good View Likely.» En los hoteles de Waikiki organizaron fiestas en las terrazas.
Lo que vieron durante los cincuenta minutos siguientes fue una aurora artificial de rayas rojas, rosas y arcoíris que se extendía de horizonte a horizonte. Lo que no vieron, porque era invisible, fue lo que ese destello le estaba haciendo a la red eléctrica de la isla, a las comunicaciones entre islas y a los satélites que orbitaban sobre sus cabezas.

Starfish Prime sigue siendo la mayor prueba nuclear jamás realizada en el espacio exterior. Y desde DeSupervivencia analizamos este experimento como el evento que más ha informado —y más ha inquietado— a quienes estudian el pulso electromagnético nuclear (EMP).
Nuestro Consejo de Seguridad
Los efectos de un pulso electromagnético (EMP) como el de Starfish Prime demuestran que la infraestructura moderna es extremadamente vulnerable. En escenarios de alta altitud, la protección de dispositivos electrónicos en jaulas de Faraday y la tenencia de equipos analógicos de respaldo son medidas críticas de preparación.
¿Por qué el gobierno de EE. UU. detonó una bomba nuclear a 400 kilómetros de altitud?
En 1962 el mundo no sabía bien qué pasaría si una bomba nuclear explotaba en el espacio. Los modelos físicos de la época eran rudimentarios: «probablemente solo podían hacer cálculos en una dimensión», según los físicos computacionales que décadas después reconstruyeron el evento. «Los modelos no eran buenos. Era todo muy impreciso. En cierto sentido, no tenían idea de lo que iba a ocurrir.»
Así que decidieron detonarlo de verdad.
La prueba fue organizada conjuntamente por la Atomic Energy Commission (AEC) y la Defense Atomic Support Agency (DASA). Formaba parte de la Operación Fishbowl, una serie de pruebas nucleares de alta altitud integrada a su vez en la Operación Dominic. El objetivo declarado era estudiar el comportamiento electromagnético de una detonación nuclear en la ionosfera y su posible impacto sobre satélites y sistemas de comunicaciones militares.
El sitio elegido fue el atolón Johnston, un islote del Pacífico tan pequeño que apenas cabía una pista de aterrizaje y unos pocos edificios militares, situado a unos 1.450 kilómetros al suroeste de Hawái. La distancia era precisamente la razón para elegirlo: se asumía que cualquier efecto electromagnético quedaría contenido muy lejos de la población civil.
Esa suposición resultó ser incorrecta.
El primer intento – Starfish, 20 de junio de 1962
Starfish Prime no fue el primer intento. El 20 de junio de 1962, tres semanas antes, el cohete Thor que portaba el artefacto nuclear malfuncionó a alta altitud y tuvo que ser destruido. El accidente dispersó material radiactivo sobre la zona del atolón Johnston y sus aguas, contaminando las instalaciones y complicando los preparativos del siguiente intento. Por eso la prueba exitosa se llamó «Prime»: era el segundo intento, no el primero.
La detonación 9 de julio de 1962, 09:00:09 UTC
Un cohete PGM-17 Thor llevó la ojiva termonuclear W49, diseñada en el Laboratorio Científico de Los Álamos, hasta una altitud de aproximadamente 400 kilómetros sobre el Océano Pacífico. La detonación tuvo una potencia de 1,4 megatones: unas cien veces más que la bomba lanzada sobre Hiroshima.
En los segundos siguientes ocurrió lo que ningún modelo había predicho con precisión.
📺 Metraje Desclasificado: La explosión de Starfish Prime
Créditos: Archivos Nacionales de EE. UU. / Lawrence Livermore National Laboratory.
¿Qué efectos documentados tuvo Starfish Prime en Hawái?
A 1.450 kilómetros de distancia, en plena noche hawaiana, la explosión fue visible a simple vista. Pero los efectos no fueron solo visuales:
| Efecto documentado | Detalle técnico |
| Apagado de farolas | ~300 farolas de Oahu inoperativas por fusión de protecciones. |
| Alarmas disparadas | ~100 alarmas antirrobo activadas espontáneamente por el pulso. |
| Comunicaciones cortadas | Fallo en estación de microondas en Kauai; corte telefónico entre islas. |
| Aurora artificial | Visible desde Hawái a Nueva Zelanda durante 50 minutos. |
El color del cielo fue descrito de forma consistente por testigos en distintas islas: rayas rojas intensas, rosas y arcoíris que no guardaban parecido con ningún fenómeno natural conocido. «La luna estaba centrada en un cielo mitad rojo sangre, mitad rosa», escribió un testigo en Hawái. Desde Nueva Zelanda reportaron «rayas de arcoíris».
Lo que ninguno de esos testigos sabía era que mientras miraban al cielo, la red eléctrica de Oahu estaba registrando los efectos del pulso electromagnético (EMP) más intenso producido por el ser humano hasta ese momento.
¿Qué ocurrió en la órbita terrestre tras la explosión?
El impacto más duradero y más inesperado de Starfish Prime no fue en la superficie. Fue en el espacio. La explosión creó un cinturón de radiación artificial al atrapar millones de electrones energéticos en las líneas del campo magnético terrestre. Este fenómeno dañó o destruyó al menos un tercio de los satélites en órbita en 1962.
- Ariel 1 (Reino Unido): Destruido tras atravesar el cinturón de radiación.
- TRAAC y Transit 4B (EE. UU.): Inoperativos por degradación electrónica.
- Telstar 1 (AT&T): El primer satélite de comunicaciones activo fue dañado progresivamente y quedó inoperativo en febrero de 1963.
Las 3 lecciones críticas para la infraestructura moderna
La Comisión EMP del Congreso de EE. UU. puede llamarlo «evento fundacional», pero para nosotros en DeSupervivencia, estas son los tres golpes de realidad que nos dejó 1962:
- La distancia es una ilusión: Los ingenieros pensaron que detonar la bomba en mitad de la nada (el Atolón Johnston) bastaría para estar a salvo. Se equivocaron. El efecto electromagnético viajó 1.400 kilómetros como si nada. Esto nos demuestra que, en un evento EMP, no importa qué tan lejos creas estar de la «zona cero»; si estás conectado a la red, estás expuesto.
- Tus cables son tus enemigos: El pulso no necesitó «golpear» las farolas directamente. Usó los cables eléctricos y las líneas telefónicas como si fueran antenas gigantes, absorbiendo la energía y enviándola directamente al corazón de los equipos. Es la prueba definitiva de que cualquier conductor largo es una vía de entrada para el desastre. Y aquí está la clave: todo cambiaría dependiendo de si hay o no una Jaula de Faraday unida a esos cables o protegiendo los terminales. Sin ese blindaje, el cable es simplemente un camino pavimentado para la destrucción del dispositivo.
- ¿Caerían los satélites? No caerían como piedras en el momento, pero quedarían «muertos» en órbita. Sin motores que corrijan su posición, miles de toneladas de metal empezarían un descenso errático, chocando entre sí y creando una nube de metralla espacial. El cielo que hoy nos da GPS y previsión climática se convertiría en una barrera infranqueable de escombros que finalmente caerian a la tierra.
- El golpe a la naturaleza: Aquí es donde más nos duele. Muchas especies, desde las aves migratorias hasta las tortugas marinas, tienen la brujula interna que lee el campo magnético terrestre para guiarse. Al alterar violentamente la ionosfera, Starfish Prime nos ha demostrado que se pueden romper los hilos invisibles que los animales usan para sobrevivir. Estamos hablando de rutas migratorias enteras desorientadas y ecosistemas colapsando porque se les ha privado de ese instinto natural. Y eso generaria muchas muertes también.
Consecuencias Geopolíticas
Starfish Prime ocurrió en el tensisimo verano de 1962, previo a la Crisis de los Misiles de Cuba. La demostración de que una detonación nuclear podía «cegar» infraestructuras espaciales y terrestres aceleró la diplomacia. El 5 de agosto de 1963, Kennedy y Jruschov firmaron el Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas Nucleares, prohibiendo ensayos en la atmósfera y el espacio exterior.
Actualización de Riesgo: ¿Siguen prohibidas estas pruebas?
Aunque el tratado de 1963 sigue existiendo sobre el papel, los pilares que sostenían dicha paz nuclear en el espacio se han desmoronado:
La posibilidad de un pulso electromagnético (NEMP) artificial ha vuelto a entrar en la ecuación de riesgos reales para los que debemos estar preparados. El abandono de acuerdos clave de control de armas (como el INF o los movimientos recientes entre las potencias) ha eliminado las «líneas rojas». Lo que este año 2026, estamos viendo es un retorno a la mentalidad de la Guerra Fría, donde el espacio ya no es una zona neutral, sino el tablero principal de juego. La inteligencia actual ya no teme misiles hacia ciudades, sino «cargas nucleares de interrupción» en órbita. Si una potencia decide que necesita cegar a su adversario, los tratados firmados hace 60 años no serán más que papel mojado ante la necesidad militar. Y hoy en día las potencias tienen claro donde no quieren estar ni que quieren perder.
¿Por qué Starfish Prime es más relevante hoy que en 1962?
A menudo nos tachan de conspiranoicos a quienes decimos que el sistema puede caer en un segundo, pero Starfish Prime es la prueba innegable de que tienen razón. El peligro real para la salud y seguridad no es la explosión en sí, sino lo que sucede después.
La sanidad moderna es 100% digital. Si el pulso fríe los servidores de un hospital, tus datos médicos, tus recetas y la capacidad de las máquinas para mantener vivo a las personas desaparecen. Los que guardan medicamentos críticos y suministros médicos manuales no están locos; han entendido que el sistema hospitalario es el eslabón más débil de la cadena. Sobretodo en los paises en los que no asumen que deben tener respaldos energéticos bien protegidos.
Los sistemas de emergencia dependen de repetidores y centrales digitales que no tienen protección contra un pulso de alta altitud. Si hoy ocurre, tu teléfono será un ladrillo y nadie escuchará la ayuda que puedas necsitar. Tu seguridad depende de tu comunidad inmediata, no de un número de teléfono.
Hablemos del agua. No es que el pulso envenene el agua, es que las bombas de presión y los sistemas de cloración automáticos funcionan con microchips. Sin ellos, el agua deja de fluir o llega contaminada. Lo que los medios llaman «paranoia» nosotros lo llamamos previsión: quien no tenga agua de reserva y una forma de filtrar agua en casa estará bebiendo de charcos en menos de 48 horas.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
Fuentes: Registros desclasificados de la AEC y DASA; Informe Técnico «A Quick Look at the Technical Results of Starfish Prime» (1962); Informes de la Comisión EMP (2004, 2008); Simulaciones TOPANGA del Lawrence Livermore National Laboratory (2022).

